Hoy es jueves, así que toca nueva entrega puntual. Además tengo más presión que de costubre por razones que no voy a explicar (uh uh, que misterioso). Esta semana ha tocado cambio de estilo. No radical, ni mucho menos, hemos hecho una clase de rítmica como cada semana (premio para quien haya entendido lo que son), pero hemos pasado de centrarnos en el movimiento a irnos a la reflexión. Esta semana la clase de rítmica zen.
Primero empezamos el post (que no la clase) con una explicación de lo inexplicable para ponernos en situación. Que significa que la clase es diferente? Te has movido menos que en las otras? No, más o menos había el mismo movimiento, pues había más música? tampoco, quiza más instrumentos, però minutos musicales, los mismos, entonces que coño pasa? pues eso, que no lo se explicar, pero era diferente, como si el movimiento en vez de ir de fuera a dentro, hoy iba más de dentro a fuera (quien entienda lo que significa esto, premio).
Ahora ya podemos empezar la clase, y sorpresa, hoy estaba la profe de la profe (iros al primero de la serie para entender esto). Además la profe del curso había venido con el chello. Empezamos el calentamiento sentados en el suelo. Esta vez la lio de verdad, consigo que todo el mundo menos uno se equivoquen de lado. Caminamos, saltamos y gritamos un poco y ya estamos preparados. Nos ponemos en circulo y hacemos un par de juegos con los nombres y copias de movimientos, que explicado así parece que no tiene gracia, pero que te lo pasas muy bien, algún día, cuando tenga más experiencias, los explico.
Llegamos al plato principal. Primero nos reparten unas targetitas con palabras, cada uno con la suya, y toca pasear por la sala para adivinar y que te adivinen la palabra, primero puedes mover los labios comos si la dijeras, después puedes decirla flojito, pero en diferentes estados de ánimo (muy chulo). Cuando ya sabemos las palabras de todo el mundo (destacaremos que entre ellas estaban agua y caracol) las dejamos en el suelo y nos ponemos a caminar con la música. Cuando para toca hacer una escultura humana con movimiento relacionada con la palabra que tienes más cerca. Como las palabras están en alemán, tratas de estar siempre lo más cerca posible de las que conoces el significado.
Después no estiramos en el suelo todos, y se supone que hemos de prestar atención a los sonidos de los diferentes instrumentos que va a sonar, pero yo de esto no me entero, no se en que me tengo que concetrar, y corroboro mi teoría de que yo no se concentrarme. Entre los instrumentos teniamos un cuenco metalico, un gong, dos especie de xilofonos, pero sólo con una barra, una caja de madera con agujeros, unas lenguetas metalicas que sonaban como los organillos, y un plato metalico que a mi me ha recordado muchisimo a un horno solar (pero seguramente más útil).
Después de esto, descubrimos que las palabras sirven para formar poemas (que gran verdad), en este caso japoneses, que previamente, y como alumno especial que soy, había recibido por mail debidamente traducidos (del alemán al catalán aunque sean japoneses). Y ahora tenemos poemas, tenemos instrumentos y nos tenemos a nosotros mismos, así que porque no acabar la clase con una representación acustica y en movimiento de un caracol que sube al monte Fuji, pero poco a poco.
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